Kate Allatt despertó un día y se dio cuenta de que faltaban 10 minutos para las tres de la tarde y se preguntó quién iba a recoger a los niños a la escuela.
Entonces se asombró de ver que tenía un tubo conectado a su boca. Y después, en un estado de pánico y dolor, descubrió que no podía mover ni un sólo músculo de su cuerpo.
"Lo único que podría mover eran los párpados. Lloré lágrimas pero no podía producir ningún sonido", dice.
Kate, quien ahora tiene 40 años, había estado durante tres días en un coma inducido. El tubo en su boca estaba conectado a un aparato de ventilación mecánica y su parálisis era el resultado de uno de los trastornos más aterradores: el síndrome de encerramiento.
Después de sufrir un derrame cerebral masivo, las funciones cognitivas de Kate estaban intactas. Estaba totalmente consciente de lo que ocurría a su alrededor pero había perdido la capacidad de mover su cuerpo.
"Todo me dolía. Lo que ocurre con el síndrome de encerramiento es que tienes todos los síntomas de la parálisis pero con todo el dolor de sentir absolutamente todo" dice.
La mujer no podía comprender cómo iba continuar viviendo así. Y para empeorar las cosas, quienes la rodeaban en un principio no podían entender que estaba totalmente consciente.
"Quería que me pusieran una almohada sobre la cabeza. Odiaba mi situación. Mi vida no tenía ningún sentido y a partir de ese momento me iba a convertir en una observadora de la vida de mis hijos. Sólo quería poner fin a mi sufrimiento".
Otra migraña
Todo comenzó con un dolor de cabeza algunas semanas antes. Mark, su esposo, la llevó a ver al doctor.
Al llegar a la clínica comenzaron a hacerse aparentes los signos de que la condición de Kate era más grave de lo que aparentaba.
Eran síntomas que eventualmente producirían un ataque cerebral masivo causado por un coágulo en el tronco encefálico.
Mientras daba sus datos a la enfermera, su habla comenzó a deteriorarse e inmediatamente la enviaron a la sala de emergencias.
Sin embargo, después de revisarla la mandaron a su casa con unas píldoras para migraña.
Cinco horas después se desmayó.
Antes del derrame, Kate -que tenía tres hijos y dirigía su propia compañía de mercadotecnia- se estaba preparando para una excursión en la que escalaría el Kilimanjaro.
También era una entusiasta corredora.
Pero los médicos le dijeron que sólo tenía 50% de probabilidad de sobrevivir.
Sin embargo, gracias a su esposo Mark y su mejor amiga Alison, pronto ocurrió el primer avance en su enfermedad.
"Una semana después del derrame ambos se dieron cuenta de que estaba aburrida y me pusieron a mirar TV".
"Yo comencé a parpadear frenéticamente tratando de decirles que no quería mirar televisión. Entonces, me hicieron una pregunta que debía contestar con un sí o no, parpadeando una o dos veces".
Avances
Para la octava semana Kate mostró otro rayo de esperanza.
"Sentí un pequeño titileo en mi pulgar derecho".
Además de los párpados, ese era el primer movimiento de cualquier tipo que Kate había experimentado desde el derrame.
Pero no se dejó emocionar demasiado, después de todo el médico les había dicho que era casi seguro que nunca volvería a caminar.
Sin embargo, gradualmente Kate fue recuperando el movimiento de su cuerpo y pronto pudo volver a escribir y a usar Facebook para comunicarse con sus amigos.
Y desafiando a la comunidad médica y los diagnósticos sobre su estado, Kate recuperó también el habla gracias a las terapias de lenguaje semanales a las que fue sometida.
Su terapeuta, Oliver, la saludó un lunes, como lo hacía cada mañana, sin esperar una respuesta.
"Le respondí: 'buenos días Oliver' y aunque no salió muy claro lo dejé sorprendido".
Kate le comentó un día a Oliver que tenía toda la intención de salir caminando del hospital, donde había estado internada durante muchas semanas.
No sólo eso, le dijo también que cuando cumpliera un año desde que ocurrió el derrame volvería a hacer lo que siempre la había apasionado: correr.
Oliver la miró compasivo y no de dio mucha importancia.
"El 29 de septiembre salí caminando del hospital. Y el 6 de febrero de este año, un año después de mi derrame, corrí 20 metros. Las dos hazañas están en YouTube", expresa Kate.
Kate y Mark decidieron renovar sus votos nupciales frente a más de 200 familiares y amigos.
"Lloré como un bebé cuando caminaba hacia el altar".
Ahora Kate desea correr un kilómetro y medio antes de Navidad.
Y sus amigos la han nominado para que sea una de las portadoras de la antorcha olímpica para los juegos de Londres 2012 en su ciudad de Sheffield, una experiencia que ni ella, dice, habría soñado.
Todo tiene solución, no merece la pena quedarse encerrado, buscad ayuda, siempre habrá un profesional que de un diagnóstico fiable y una rehabilitación eficaz.
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