En el noreste de Japón, donde en marzo golpeó un terremoto seguido de un tsunami, los residentes se caracterizan por ser reservados.
Por eso el gobierno de Japón ha enviado psicólogos a las localidades afectadas.
Para sobrellevar la tragedia, los sobrevivientes se cuentan chistes, realizan ceremonias familiares o deambulan entre los restos de sus casas.
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